Como muchos israelíes de mi generación, yo también crecí bajo la sombra del Holocausto. Mi padre nació en Polonia, pero sus padres lo mandaron a Israel antes de la guerra. Su papá, mamá, hermano y hermana se quedaron en Polonia y murieron en el Holocausto. ¿Dónde y cuándo murieron? De eso no sé nada.
La familia de mi padre vivía en la ciudad de Lodz, pero poco después de la conquista alemana sobre Polonia se mudaron a Varsovia.
Que terrible error cometieron. Rápidamente, fueron forzados a trasladarse al gueto, donde vivieron en densidad con otros cientos de miles de judíos, en un apartamento que no era de ellos, en una ciudad a la cual no pertenecían, y eran desconocidos. Refugiados con un destino aún más duro que el de los demás.
¿Cómo pasaron ellos los primeros años de la guerra antes de que se decidiera mandar a los judíos de Varsovia a los incineradores? ¿Aguantaron unos años, o murieron antes por el hambre? ¿Habrán llegado siquiera a los incineradores? ¿Nadie sobrevivió? ¿Quién relataría estas experiencias? Refugiados anónimos de Lodz, nadie los conocía en Varsovia. Mi padre me contó un día que escuchó que su hermano fue uno de los rebeldes de Varsovia. ¿Será eso verdad, o será solo un cuento que mi padre inventó para entregarme a mí y a él algún tipo de consuelo?
El Estado de Israel eligió el día en el que comenzó la rebelión en Varsovia como el día conmemorativo del Holocausto. Pasaron 70 años y ese primer levantamiento, compuesto de un pequeño grupo de jóvenes, dispuestos a luchar contra el monstruo nazi, se convirtió en un símbolo de heroísmo. Sabían que no tenían chance contra los alemanes, su lucha fue dirigida a darle significado a su muerte, y de esa paradoja, nos enseñaron el significado y el valor de la vida y de la libertad.
¿Será verdad que el hermano de mi padre era uno de los combatientes en el levantamiento de Varsovia?
Admito que no saber ese dato y muchos otros de mi familia fallecida me consume, pero esta idea sobre el tío que nunca conocí, que podría fácilmente ser un producto de la rehabilitación emocional de mi padre, fue absorbida en su momento por mí, un niño que creció en Israel, un niño que escuchó a través de los años miles de cuentos similares, algunos verdaderos, otros ficciones, todos reales. El levantamiento de Varsovia resume la lucha de seis millones, y es el símbolo que hoy observamos cuando pensamos en el Holocausto, porque a través de la lucha de esos jóvenes aprendimos el significado e importancia de la vida, y si la verdad es que el hermano de mi padre fue un rebelde de Varsovia, por lo menos sé que su vida, y la de otros seis millones, contenía significado y valor. Eso me da consuelo.
Mi padre perdió toda su familia en el Holocausto; pero él sí llegó a Israel antes de la Segunda Guerra Mundial y se salvó. Si el Estado de Israel hubiera nacido algunos años antes hubiera podido dar refugio a los judíos perseguidos, pero eso no aconteció.
Después de la guerra, el pueblo judío encontró grandes energías para poder levantarse de las cenizas y construir un estado de libertad y prosperidad donde hoy en día ya vive la comunidad judía más grande del mundo. Este renacimiento es la respuesta moral e histórica a la tentativa de borrar al pueblo judío de la faz de la Tierra.
La memoria del Holocausto nos compromete a la santidad de la vida, a la igualdad del hombre, a la libertad y a la paz.
Para que nunca haya otro Holocausto tenemos la obligación moral de educar a nuestros hijos, respetar la singularidad individual y de los pueblos, pero al mismo tiempo respetar los valores universales.
La igualdad del hombre para la libertad y la paz
02/May/2013
Dori Goren, Embajador de Israel (para Caras y Caretas)